miércoles, 23 de marzo de 2011

Pagina uno

Siembra de aguacate
una opción de empleo

--En Filo Mayor trabaja la UGOCEP desde hace 8 años, apenas se ven los frutos
--La burocracia, principal obstáculo para obtener financiamientos:campesinos
--Otra de las disyuntivas de los sierreños, cultivar enervantes: amapola y mota

Esteban Mendoza Ramos
FILO MAYOR.--La vida en la sierra de Guerrero es difícil. La sobrevivencia depende de la capacidad para lidiar con un mundo apartado, abandonado, un tanto salvaje. La lejanía de las instituciones y la poca atención que los gobiernos han puesto en esta región, de poca rentabilidad política, han creado un escenario de desconfianza y protesta violenta a la menor provocación.
Los sierreños, el gentilicio que han adoptado con agrado las mujeres y mujeres que han nacido muy cerquita del cielo, entre bosques de pinos, encinos y tocando las nubes cada mañana, aman, como todos, su tierra, el lugar que les ha tocado por hogar durante generaciones, y la defienden a su manera.
Han pesado sobre este girón hermoso de tierra guerrerense estigmas de diversa índole, que si son muy agresivos sus habitantes, que se dedican a la pura siembra del “maíz bola” , que todo el tiempo andan con el “cuerno” al hombro o con la “súper” en la cintura, pero hace falta sentarse en la tierra húmeda, a la sombra de un frondoso árbol para entender, para sentir, la hospitalidad y el don de gentes de los “sierreños”, que dan la vida por un amigo y al visitante lo reciben con un calor fraterno envidiable en otros sitios urbanos.
Don Crecencio Barragán González nos hizo una invitación a visitar las huertas de aguacate Hass que crecen y se multiplican por varias comunidades de la sierra.
EL MATUTINO DE GUERRERO se trasladó alegre hacia Carrizal de Bravo, municipio de Leonardo Bravo, para celebrar un encuentro amistoso e intenso. Respirar aquel aire puro y transparente, cargarnos de la energía solar, que por allá es cálida y acariciante, fue nuestro suficiente salario, sin embargo, don Chencho, su esposa y los sociólogos Ambrosio Guzmán Juárez y Emanuel Tinoco Salas, nos brindaron una exquisita carne asada, chorizo, frijolitos con queso y unas tortillas bien hechas. Para pasarnos el taco no tuvimos otra opción que consumir “agua puerca del capitalismo”, refrigerada en un tambo de agua helada.
Batallamos un poco para llegar. A las nueve de la mañana del jueves 17 de marzo, tomamos la ruta de la cabecera municipal de Chichihualco, el joven Alejandro al volante, don Isidro, un gran conversador, y un servidor, pensando que era la mejor. Al llegar a la desviación se encuentra un retén militar, cuyos elementos sólo nos miraron con curiosidad y no se atrevieron a detenernos. El temor a quedarnos sin combustible nos hizo preguntar unos metros adelante el tiempo que haríamos hasta nuestro destino; el improvisado guía nos dijo: “está lejecitos, como dos horas, porque la carretera está muy mala”. Con esta amenaza, decidimos dar la media vuelta para entrar por “Casa Verde”.
Al vernos regresar tan pronto, los militares que estaban como a cien metros de la carretera, se alertaron y corrieron a detenernos. Registraron el vehículo, preguntaron nuestra ocupación y con la “charolota” de El Matutino de Guerrero y La Crónica, Vespertino de Chilpancingo nos despacharon con gesto amable.
Salimos entonces de nuevo a la autopista y en “tierras prietas” nos dirigimos por fin a la sierra. En Xochipala encontramos a otro destacamento del Ejército Mexicano cumpliendo labores preventivas contra la delincuencia, que por desgracia tan mala fama a dado a la región y al estado en general.
Pasamos Mirabal, Los Morros, Filo de Caballos, Campo de Aviación y preguntando llegamos a nuestra “Roma” de ese día. Ya don “Chencho” andaba preocupado por la tardanza de sus desesperantes huéspedes, pues cuando dimos con su casa, nos informaron que nos había ido a buscar a “Filo”. Su esposa nos indicó el camino hacia las plantaciones del sabroso fruto. “Se van derecho y en la primera desviación a la izquierda se meten. Caminan como un kilómetro de terracería y ahí está esperándolos Ambrosio”. Obedientes llegamos pronto a al cruce de dos caminos y en una pequeña explanada del lado derecho ahí estaban los implementos alimenticios, con el carbón ya humeante.
En la sierra tienen que ingeniárselas para comunicarse, así que usan pequeños radios de onda corta que les permite escucharse a por lo menos cinco kilómetros. A los pocos minutos llegó don “Chencho” con su mujer y comenzaron colocar al fuego aquellos manjares, que a esa hora del ayuno, se antojaban sabrosísimos. Así fue. Comimos como auténticos herederos de los emperadores Claudio o Marco Aurelio. Llegaron otros dos compañeros productores y se unieron al primer recorrido que realizamos por un terrero agreste y empinado, embellecido con aquellas plantas de Aguacate en plena floración. Don “Chencho” nos instruyó acerca de cómo llegó el cultivo de este apreciado fruto a la sierra del filo mayor, tarea en la que él es pionero. “ Yo traje las primeras plantitas de Michoacán, comencé a sembrarlas aunque al principio uno la riega, porque no sabe; poco a poco hemos buscando información y puedo decirles que ahora sí ya sabemos bastante para hacer producir estos árboles”.
El aguacate se siembra a una altura sobre el nivel del mar de 2,300 a 2,500 metros. Hace ocho años yo sembré los primeros a 2500 y apenas van a dar su primer cosecha, en cambio, las que sembré a 2,300 produjeron a los cinco y vamos por producir en menos tiempo, por medio de un tipo de aguacate que llamamos “mejorado”, que produce a los dos años. Cuando la planta llega a un metro de altura nos regala sus primeros frutos y de ahí no deja de producir, porque mientras estamos cortando los últimos de una camada, ya viene de nuevo la flor.
Nosotros decidimos cambiar la idea negativa que se tiene de la sierra. Queremos producir, dar trabajo y salir adelante por nuestros hijos. Ahí vamos despacio, asegura animado Crecencio Barragán González, que se queja un tanto de las instituciones oficiales porque les dan apoyo estandarizado y de mala gana. “No les vamos a dar lo que ustedes quieren”, reciben como respuesta de altaneros servidores públicos, mareados por un poco de poder. “De tantos que son hasta se atropellan entre los escritorios, allá en las oficinas de Desarrollo Rural, y por acá no los vemos seguido”, dice sonriente nuestro anfitrión.
LAS NECESIDADES
Lo que necesitan en este momento son nutrientes para que el fruto amacice, malla ciclónica para cercar bien, porque el venado se mete a los huertos y perjudica la planta pequeña con la cornamenta y también para proteger la producción de los “venados de dos patas”, que no sólo cortan para comer, sino que llenan su costalito y ahí lo andan vendiendo en la cabecera municipal de Chichihualco.
Sería muy útil si los apoyarán con cemento para recubrir lo que ellos llaman “ollas”, que son excavaciones para almacenar agua de lluvia, que les puede servir para la temporada de estiaje, porque tienen que traer el indispensable líquido desde una distancia de cinco kilómetros, de lo más alto de los cerros.
Los productores de aguacate del filo mayor consideran que han avanzado bastante, porque ya han sacado varias toneladas del producto y siguen creciendo. Es ahora cuando las promesas gubernamentales deben hacerse una realidad para hacer posible ese cambio, esa transformación de la base económica de la sierra guerrerense.
Siembran enervantes porque no hay otra cosa de que mantenerse; sin embargo, la producción de aguacate, complementada con el durazno y la manzana criolla son una opción real de progreso.
Rafael López Sánchez, de Chicahuales, asegura que no todo el tiempo van a estar molestando al gobierno. Una vez que sus huertos estén en plena producción no les hará falta más apoyo, al contrario, ellos se comprometen a dar empleo a campesinos o indígenas de otras regiones del estado, vender su aguacate en las principales ciudades del estado, para que se consuma lo que el estado produce. La calidad del aguacate de la sierra es igual a la de los productores de Michoacán. De allá han traído la planta y la experiencia, aunque los michoacanos están muy avanzados. Venden en dólares y en euros, con un gran despliegue de tecnología de punta, que pronto esperan aplicar en el Filo Mayor.
Solicitan que el apoyo sea pronto y expedito para poder producir en menor tiempo y con mayor calidad el aguacate. Hablan de un “triple 17”, que es caro, pero que ha servido de negocio a Desarrollo Rural, pues les venden el bulto a un precio de 600 pesos y supuestamente les hacen un descuento para dárselos en 500 y en las tiendas su costo normal es ese, lo que significa que la venta de este nutriente se convierte en un negocio para los funcionarios. Tienen fe de que con el nuevo gobierno las cosas sean diferentes, porque están cansados de batallar con tanto pillo, lo mismo de dependencias estatales como federales, que ven al campesino con signo de pesos.
Visitamos otras dos plantaciones de “Chencho”, -para estas horas ya habíamos roto el hielo- dos kilómetros abajo. Ahí tiene un pequeño vivero, con plantas para resembrar en caso de que alguna mata perezca víctima del “mal de la tristeza”, así llamado porque provoca que las hojas cambien de color y se cuelguen tristes, cuan lágrimas de colegiala decepcionada. Cultiva chile manzano, tan amarillo como el sol al amanecer, para molerlo y agregarlo como insecticida orgánico. A toda huerta de aguacate deben acompañarlo las incansables abejas, que aparte de brindar su estimulante miel, cumplen la indispensable labor de polinizar la flor para que el fruto aparezca como mágico trozo de esmeralda
Por su parte, los sociólogos Ambrosio Guzmán Juárez y Emanuel Tinoco Salas, que asesoran a los productores, a través de la Unión General Obrera, Campesina y Popular, A.C. (UGOCEP), opinan que el gran obstáculo es el impresionante burocratismo que pudre a todas las oficinas de gobierno.
Presentan un proyecto y la cadena de requisitos es interminable. Cubren uno y les ponen otro y así hasta lograr aburrirlos. En la sierra y otras regiones del estado la UGOCEP está firme para apoyar a los campesinos, obreros o colonos que se acerquen a la organización. Esta es la manera como se vencerá a todas las inercias negativas que existen en los círculos oficiales.
En verdad que vale la pena que los gobiernos estatal, municipal y federal fijen la mirada en un fenómeno tan interesante como la producción de aguacate en el filo mayor de la sierra de Guerrero.
Puede ser el principio de una gran cadena productiva que conlleve la creación de empleos, entrada de divisas, dejar de “importar” alimentos de otras regiones del país, para formar un círculo virtuoso de producción-empleo-consumo-capital.
Nos despedimos de nuestros amigos después de hablar hondo y profundo del alcohol y otros demonios, con el compromiso serio de volver pronto.
Durante el descenso, los cinco ocupantes del vehículo veníamos incómodos, no por otra cosa, sino por la bárbara manera de comer. No sabíamos dónde, ni cómo colocar la panza para sentir un poco de alivio, porque no fue una, sino dos las ocasiones que le dimos duro a la carnita asada.
Nuestra alegría y satisfacción eran evidentes, y creemos que nuestros amigos de la sierra también se quedaron contentos y esperanzados, por lo menos por haber sido escuchados y visitados de muy buena fe.

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